pequeñas ediciones de libros de poesía
★⋆ ˚。 compralo a precio promocional ˚。 ⋆ ★
elegí la opción "retiro" y retiralo el día de la presentación
sábado 4 de julio
desde las 20hs
Entre Ríos 1437 (espacio cultural expresiones)
(Rosario)
.......................
66 p. ; 17 x 14 cm. - (Fresca)
ISBN 978-631-91479-1-94
Arte de tapa: Jazmín Varela
Diseño y maquetación: Lucas Collosa
.......................
Corte
En casa la luz es un misterio
una aparecida que siempre se va
y deja una sombra que se cree hogar.
El teatro y el mar son territorios viejos,
dos cortes sin bordes en la cara del mundo,
oberturas de movimientos que se comen
los cuerpos
y los escupen cuando vuelven a ser
turistas de sí mismos.
En ellos soy
una luz que aparece
y se va, un misterio.
.
El otro es un universo de razones desconocidas
Antes que empiece el otoño
los narcisos y pensamientos
nacieron de un exilio
en la puerta de mi habitación.
Los arranqué de raíz
y los tiré sobre la cama.
Les hurgué las caras
examiné los cuerpitos
prueba de mala praxis.
Olían mal
ninguno estaba vivo.
Los puse sobre mis labios
y tuve desesperadas ganas de engullir.
La fascinación es huérfana.
Mi cuerpo habría sido langosta
abeja peste colibrí
tormenta de la Niña
granizo helada o sequía
también podría haber sido una viuda.
Pero yo no lloro.
Pero yo no rezo.
-Eso no es ser una buena sepulturera
dice una voz mientras entierro
con poco rito
los órganos sexuales de mis malas hierbas.
Le contesto:
-El otro es un universo de razones desconocidas.
Esa voz me corrige:
-La otra.
Así se divierten los fantasmas.
.
Las amigas
Afuera alguien recupera una casa y pregunta
quién vive, quién es.
No te distraigas.
No sos esa desconocida que se deja convidar
por la soledad del otro.
Te quedás acá
junto a las que inmolaron sus vidas en la tragedia personal.
De la sangre, ellas hacen ramas
que llegan hasta el borde entornado
de una puerta desnuda,
su música abriéndose
es la extrañeza del mundo.
Y cuando canta el misterio: bailan.
¡Y cómo bailan!
..........
Un museo es una colección de acontecimientos: un intento de visibilizar los hilos que unen las cosas a través del tiempo y del espacio. Allí, una mirada organiza, narra, decide qué conserva, qué descarta. Señala y, en ese gesto, crea sentidos. Pero, ¿por qué conservar el daño? En Un museo del daño, lejos de ordenar, la voz que lo recorre tensa los hilos invisibles, fulmina la lógica, rompe el tiempo. Los objetos se descolocan, se transforman: son engullidos, masticados y rebautizados. No hay archivo posible para este museo, sino una experiencia que expone, en su propio movimiento, el proceso de curaduría.
“Es un pecado no tomar notas sobre el horror o lo enemigo”, escribe Pizarnik. Paula Luraschi recoge ese mandato y transforma esas notas en versos. En Acción y efecto de aparecer, la voz toma materiales de su relato personal: las marcas de la infancia con sus preguntas y sus monstruos, despojos de los pueblos y las ciudades por los que camina, las bestias que los habitan, mujeres que paren y son paridas en la memoria trasmitida entre madres, hijas y amigas. El daño se transforma en materia viva, en lenguaje, en escena. Aquí el museo no solo conserva: encarna. En ese museo nace una actriz, un cuerpo que porta la voz y la hace visible. Un cuerpo donde el daño encuentra forma, ritmo, respiración. Y se metaboliza en ternura. Un cuerpo que no cicatriza la herida, pero la nombra y, al nombrarla, funda un acto que pide testigos, una obra que se despliega frente a sus espectadores.
Vande Guru
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$20.000,00
$17.000,00
15% OFF
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ISBN 978-631-91479-1-94
Arte de tapa: Jazmín Varela
Diseño y maquetación: Lucas Collosa
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una aparecida que siempre se va
y deja una sombra que se cree hogar.
El teatro y el mar son territorios viejos,
dos cortes sin bordes en la cara del mundo,
oberturas de movimientos que se comen
los cuerpos
y los escupen cuando vuelven a ser
turistas de sí mismos.
En ellos soy
una luz que aparece
y se va, un misterio.
.
El otro es un universo de razones desconocidas
Antes que empiece el otoño
los narcisos y pensamientos
nacieron de un exilio
en la puerta de mi habitación.
Los arranqué de raíz
y los tiré sobre la cama.
Les hurgué las caras
examiné los cuerpitos
prueba de mala praxis.
Olían mal
ninguno estaba vivo.
Los puse sobre mis labios
y tuve desesperadas ganas de engullir.
La fascinación es huérfana.
Mi cuerpo habría sido langosta
abeja peste colibrí
tormenta de la Niña
granizo helada o sequía
también podría haber sido una viuda.
Pero yo no lloro.
Pero yo no rezo.
-Eso no es ser una buena sepulturera
dice una voz mientras entierro
con poco rito
los órganos sexuales de mis malas hierbas.
Le contesto:
-El otro es un universo de razones desconocidas.
Esa voz me corrige:
-La otra.
Así se divierten los fantasmas.
.
Las amigas
Afuera alguien recupera una casa y pregunta
quién vive, quién es.
No te distraigas.
No sos esa desconocida que se deja convidar
por la soledad del otro.
Te quedás acá
junto a las que inmolaron sus vidas en la tragedia personal.
De la sangre, ellas hacen ramas
que llegan hasta el borde entornado
de una puerta desnuda,
su música abriéndose
es la extrañeza del mundo.
Y cuando canta el misterio: bailan.
¡Y cómo bailan!
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Un museo es una colección de acontecimientos: un intento de visibilizar los hilos que unen las cosas a través del tiempo y del espacio. Allí, una mirada organiza, narra, decide qué conserva, qué descarta. Señala y, en ese gesto, crea sentidos. Pero, ¿por qué conservar el daño? En Un museo del daño, lejos de ordenar, la voz que lo recorre tensa los hilos invisibles, fulmina la lógica, rompe el tiempo. Los objetos se descolocan, se transforman: son engullidos, masticados y rebautizados. No hay archivo posible para este museo, sino una experiencia que expone, en su propio movimiento, el proceso de curaduría.
“Es un pecado no tomar notas sobre el horror o lo enemigo”, escribe Pizarnik. Paula Luraschi recoge ese mandato y transforma esas notas en versos. En Acción y efecto de aparecer, la voz toma materiales de su relato personal: las marcas de la infancia con sus preguntas y sus monstruos, despojos de los pueblos y las ciudades por los que camina, las bestias que los habitan, mujeres que paren y son paridas en la memoria trasmitida entre madres, hijas y amigas. El daño se transforma en materia viva, en lenguaje, en escena. Aquí el museo no solo conserva: encarna. En ese museo nace una actriz, un cuerpo que porta la voz y la hace visible. Un cuerpo donde el daño encuentra forma, ritmo, respiración. Y se metaboliza en ternura. Un cuerpo que no cicatriza la herida, pero la nombra y, al nombrarla, funda un acto que pide testigos, una obra que se despliega frente a sus espectadores.
Vande Guru
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